Es fácil irse de la realidad y enroscarse en una marea de pensamientos: positivos, negativos, productivos o improductivos. Pero la realidad es que, sean como sean, cuando el pensamiento se enrosca sin un foco final, no lleva a nada. Lleva a perder el tiempo.
Atlas Moana nació para escribir. Para escribir sobre navegación, sobre viajes, sobre conectar con la naturaleza y sobre cómo ser conscientes de nuestro impacto. Nació para presentar proyectos que ayuden a vivir con más conciencia y para denunciar sucesos que estén destruyendo nuestro planeta.
Pero de tanto querer abarcar, no abarcó nada.
Hoy vivimos entre líderes con muy poca empatía hacia las personas, los animales y las plantas. Vivimos entre empresas que quieren facturar a toda costa y dentro de una vorágine de consumo que no deja respirar.
Hay miles de blogs como este. Miles de personas intentando romper con la rat race.
Y aun así quiero hacer uno más.
Hoy dejo de enroscarme en los pensamientos y empiezo a enfocarme en mostrar lo que sea que quiero mostrar.
En escribir cuando mi hijo duerme.
Porque si alguna vez soñé con ser alguien de pequeña, ahora es el momento de poner toda la leña al fuego y cumplirle ese sueño a esa niña.
Y porque si tanto pensar me sirvió para algo, fue solo para entender una cosa:
No quiero que mi hijo crezca en un mundo superficial, alejado de las raíces de la tierra, alejado de la empatía y de la compasión.
Así que hoy me sumo a los miles que, mitad en analógico y mitad en digital, tratan de resistir.